2 ENERO 2022

LUCHANDO CON EL DESÁNIMO

Primer día del Señor de este año nuevo. Motivo de gran gozo al recordar la fidelidad de Dios durante el año que pasó. Y yo solo puedo ver su amor y su bondad por todos lados.

Esta mañana nos congregamos solo 2 hombres ancianos, mi esposa y mis dos hijos pequeños, ya que las otras personas salieron fuera del pueblo y otros más se ocuparon en asuntos que poco o nada de provecho les deja en comparación con atender el día del Señor, el cuál debe ser considerado como una grande bendición para todos los hijos de Dios, ya que es el día en que nuestro espíritu es mejor alimentado por la predicación y al mismo tiempo, alentado al gozar de la koinonia que se vive al estar entre los hermanos.

Y bueno, debo confesar que está mañana estaba un poco confundido. La noche anterior habia estado preparando el sermón que predicaria hoy y también, le pedí al Señor que lo bendijera y lo usará para alentar nuestros corazónes. Sin embargo; ante la poca audiencia que tuvimos decidí no predicarlo y reservarlo para la siguiente reunión en dónde pudieramos estar más personas congregados. Y como ya dije; esto me causo cierto desánimo, ya que esperaba que hubiera más gente dispuesta a escuchar el sermón de hoy. Pero es Dios quien dispone que todo suceda como pasó para que su propósito en nosotros se cumpla. Y así, en secreto ante la audiencia y mientras estába dirigiendo la reunión le pedí al Señor que me diera ánimo para predicar a estos pocos con el mismo fervor como si se tratará de una multitud, ya que el Señor es digno de nuestro servicio diligente y esmerado.
Y ha cambio del sermón marcado para hoy, leímos 2 Tesalonicenses 2:13 – 17, porque pensé que necesitamos ser animados, aunque en verdad el que más lo necesitaba era yo mismo.


Asi qué, en esto pásajes se nos recordaron algunos aspectos que nos deben animar para seguir adelante en nuestra profesión con valor y ánimo, en medio de una generación dormida e indiferente hacia las cosas espirituales. Cosas como la segunda venida de Cristo, El amor de Dios por el cual se nos escogió para salvación, El Evangelio que nos fue dado y que descubrió nuestra maldad y nos reveló a Cristo como la solución a nuestra necesidad etc.

Cosas tan valiosas que nos fueron dadas por amor. Sin duda, importantes razones para vivir siempre agradecidos con Dios pasé lo que pasé.
Ante todo ésto, pedí que Dios me ayudará a amarle más por encima de todo. Es mi deseo para este año que recién comienza.


2 Tesalonicenses‬ ‭2:13‬ ‭NBLA‬

Pero nosotros siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, hermanos amados por el Señor, porque Dios los ha escogido desde el principio para salvación mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.

El inicio y la realidad

Hoy es domingo día del Señor, y la mañana luce un poco sombría (nublada), mientras me  digo a mi mismo que no pretendo narrar en este diario solo la parte «agradable» de mi historia en las misiones, sino también las situaciones difíciles que vivimos en el campo y que a veces no contamos porque nos hacen ver vulnerables ante el escrutinio de los demás, y si somos honestos también nos confronta a con nosotros mismos.  Y ya no digo del escrutinio de Dios, porque siempre estamos bajo su lupa. Tenemos mucho orgullo en nuestra vida que somos muy dados a querer impresionar a otros mostrandonos muy capaces y sabios etc, pero nunca ser tan honestos como para compartir nuestros fracasos y debilidades, para no vernos torpes ante los demás. Pero si en verdad somos siervos de Dios en realidad esto es lo que somos, “siervos inútiles”.

Los misioneros no somos ni fuertes ni perfectos, seguimos luchando con el pecado como cualquier otro creyente. Tenemos dudas, lidiamos con problemas en el matrimonio, con los hijos etc… Hay días y épocas donde yo personalmente me siento bajo mucha presión. Por un lado me doy cuenta que tiendo a enfocarme demasiado en las tareas del ministerio, y que siempre tengo que estar luchando para mantener un equilibrio, porque mi familia también necesita de mí. Así que muchos de los problemas que se suscitan en el hogar suelen ser un recordatorio de que no debo descuidarlos mucho. 

Uno puede estar con ellos todo el tiempo sin en verdad estarlo. Y no quiero repetir la típica historia, de un padre ausente que no presto atención a sus hijos cuando se requería, por estar ocupado salvando al mundo mientras su familia se pierde por su descuido y abandono. 

También, está lucha en mi mente que parece interminable me agobia de vez en cuando, con el recuerdo de pecados pasados. Hay días donde la tentación me asalta, invitándome a recrear mi imaginación con toda clase de pensamientos pecaminosos, y ahí es cuando debo luchar. Me doy cuenta que no soy tan atrevido como para materializar mi pecado, pero parece que si me atrevo a caer en el mentalmente. Y esto es algo de lo cual me tengo que estar arrepintiendo constantemente estos últimos días. Sinceramente, me aborrezco cuando me permito esto, es por esta razón que debo velar, mantenerme en oración que es el medio por el cual la gracia divina fluye para no entrar en tentación. 

«Dios ayúdame» ha sido mi constante suplica por varios días.

Esta mañana predique sobre Mateo 10:23-30. Y pudimos establecer que Jesús nos invita a confiar en El en todo tiempo. No solo en las épocas de bonanza, también en los tiempos difíciles. Cuando permanecemos firmes estando en medio de las tormentas terrenales, es cuando Cristo es más glorificado en nuestra vida. Aquí, en estos pasajes, Jesús instruye a sus apóstoles a no temer a sus enemigos, a aquellos que se levantaran contra ellos y su predicación, quienes los entregarán a las autoridades y que incluso los mataran. Jesús hace un énfasis, «no les teman», pero luego les dice a quién si deben temer, y este es a Dios. Nuestro corazón debe estar gobernado por un deseo de amar a Dios y obedecer su palabra que nos hace vivir de una manera en la cual agradar a Cristo es nuestra regla de vida.

«No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; màs bien teman a Aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno». Mateo 10:28