¡LA MUERTE SOLO ES UN SUEÑO MUY BONITO!

Hoy fue un día muy ocupado atendiendo algunas de las labores del ministerio. A veces, nuestros días pueden ser intensos, y es fácil dejarnos llevar por una multitud de actividades que creemos beneficiosas, pero que en realidad nos desgastan. Personalmente, siempre lucho por mantenerme enfocado en las tareas que realmente importan, para mí aquellas que me han sido asignadas por el Señor para realizar su obra en estos ranchos.

Entiendo que mis responsabilidades como pastor misionero pueden ser arduas, pero su esencia es simple. Se resumen en predicar la Palabra de Dios, lo que requiere estudiar, orar y buscar constantemente Su ayuda y dirección para esta vital labor. Además de predicar, debo visitar a los creyentes, exhortarles con la Palabra, ayudarlos en sus necesidades y consolarlos en sus tribulaciones. Esto incluye a mi familia por supuesto y compartir el mensaje de Cristo con los perdidos.

Hoy, gracias a Dios, tuve varias oportunidades para realizar estas actividades con diferentes personas, lo cual sin duda fue un tiempo bien invertido en los asuntos del reino.

Esto además me hizo reflexionar sobre el enorme privilegio que tenemos en Cristo de servirle y ser parte de Su obra en un mundo tan necesitado de Él.

Como hijos de Dios, también disfrutamos del beneficio de la esperanza y la seguridad para el momento de la muerte, algo que los que no creen no poseen, lo que les lleva a una vida miserable y cargada de incertidumbre respecto a la condición de sus almas después de esta vida.

Hoy tuve la oportunidad de hablar con un hombre del pueblo, con la intencionalidad de comunicarle verdades espirituales y la gran esperanza que podría encontrar a través de Cristo. Al hablar sobre la eternidad, me sorprendió su afirmación respecto a la muerte, describiéndola como ¡un sueño muy bonito! Y esta no es más que una idea construida sobre la ignorancia y el deseo de negar la existencia de un castigo como el infierno. La Biblia define la muerte como una maldición, el precio del pecado, y uno de los enemigos de Dios y de la humanidad.

Aunque la muerte es una realidad dolorosa que todos debemos afrontar, está solo podría ser «bonita» si se enfrenta con la esperanza puesta en Jesús, quien venció la muerte y ofrece vida a todos los que en Él confian. Solo así la muerte puede convertirse en alegría en lugar de dolor; de lo contrario, se convierte en un sueño aterrador, una pesadilla de la cual nunca se podrá despertar.

En mi experiencia compartiendo la Palabra con diversas personas, he observado repetidamente este deseo de evadir la responsabilidad por nuestras acciones, ante la posibilidad de comparecer ante el tribunal de Dios para ser juzgados. Muchos se consuelan negando vanamente la existencia de Dios, la vida después de la muerte o incluso la realidad del infierno, inventando fantasías que les brindan una falsa consolación.

Sin embargo, estos consoladores ilusorios solo les llevarán al abismo, mientras dejan pasar el valioso tiempo que Dios les otorga para prepararse y atender el Evangelio, el medio que Él ha ordenado para la salvación.

Así, cada día, muchos se condenan por su propia obstinación al no arrepentirse y eludir la Verdad.

Lo más asombroso es que quien me compartió esta visión es un hombre enfermo y anciano, lo que indica que sus días en esta tierra son limitados.

Sin embargo, él camina despreocupado, abandonando el destino de su alma a ideas absurdas y sin fundamento, lo que, si no cambia, lo conducirá a una eternidad de sufrimiento por negarse a rendirse a la verdad.

Dios me concedió el tiempo suficiente para invitarle a venir a Cristo y a buscar a Dios mientras aún puede hacerlo. Así, podrá recibir la salvación que asegura bienestar a su corazón tanto en esta vida como en la siguiente.

Así pido a Dios para que pueda recibir la gracia que lleva a experimentar el perdón, y así evitar que otra alma más por su incredulidad sea condenada en estos pueblos.

En cuanto a mí, aún mantengo la esperanza de que Dios salvará a Su pueblo en estas tierras.

CARTA ABRIL 2025

Evangelización: Un Llamado a la Verdadera Fe

¿A quien tengo yo en los cielos sino a Ti? Fuera de Tì, nada deseo en la tierra.

Salmo 73:25

La evangelización de los pueblos no tiene sentido si no se realiza con fe, y a su vez, esta fe es la que nos sostiene en la labor y la que nos impulsa a seguir se fundamenta solo en Cristo, quien es nuestro motivo para esta vida y todo lo que en ella hacemos.


En la actualidad, nos enfrentamos a numerosos ministerios que se sustentan en el ingenio y la inteligencia humana, fundamentados en motivaciones personales y egoístas, en lugar de en Cristo, lo que se manifiesta en un notorio desinterés por conducir a los perdidos hacia el conocimiento de la verdad que les llevará a la salvación.

Hay mucho de esto en nuestros tiempos y me siento hastiado de ello, de la hipocresía que lucra con el Evangelio y que no guía a las almas hacia el cielo. Pero la Biblia ya advertía sobre esto, de la mercadería que harían con el pueblo y del engaño que predominaría al final de los tiempos. Pero en medio de este oscuro panorama, la luz sigue brillando con intensidad para llamar a la luz a los herederos del reino; no de una manera pomposa y atractiva, así como el mundo vende sus promesas, sino todo lo contrario, donde la obra se realiza por muchos en silencio, casi de manera desapercibida para todos, pero con fidelidad y perseverancia, no para agradar a los hombres, sino a Cristo, quien es la razón de nuestros esfuerzos para hacer lo que hacemos en una era donde la religión y lo espiritual no tienen sentido para la mayoría, pero donde Dios ha querido que su mensaje llegue como testimonio a la humanidad y como esperanza para aquellos a quienes ha de salvar.

Y en medio de este panorama adverso, en vez de abrumarnos por las dificultades, miramos al cielo preguntándonos como Asaf, ¿A quién tenemos en el cielo sino a Ti? y entonces nos es revelado un Dios grande y bueno que cumplirá en nuestras vidas sus propósitos eternos. Y así nuestros corazones no pueden más que alabar a aquel que le da sentido a lo que parece absurdo, y nos da fuerzas cuando ya no hay más reservas para seguir luchando en esta guerra que ya ha sido conquistada por Jesús, pero por la cual se debe seguir peleando. Sí, una guerra que no podemos ignorar, y que me recuerda las palabras del antiguo predicador de Gales, Martyn Lloyd Jones.

La Iglesia no es un club social, es una guerra espiritual y todo cristiano esta enlistado.

Martin Lloyd Jones

Todo verdadero cristiano hoy se encuentra luchando desde algún lugar en el frente de batalla, y si no se ha extraviado de su llamado o, peor aún, este ha desertado.

Asi continuamos adelante, no confiando en nosotros mismos; ni siquiera en nuestra propia sombra, sino solo en Cristo, quien nos llamó a su labor y que nos guía a cumplir el propósito por el cual Él nos ha traído a estos pueblos, donde la necesidad espiritual es grande. La desesperanza por no conocer a Cristo se refleja en vidas sin sentido, golpeadas por la necesidad, el dolor y la infelicidad que el pecado acarrea, aunque sus corazones endurecidos les impidan verlo de esta manera (el pecado ciega).

Niños en La Escuelita

Este mes el Señor nos concedió continuar con el trabajo entre los niños, y su gracia y misericordia han sido desmedidas con nosotros para ayudarnos a llevar a cabo este ministerio donde se está enseñando a los niños el mensaje del evangelio. Lo cual hacemos por fe, creyendo que lo que hoy sembramos prosperará el día de mañana en almas rendidas a los pies de Cristo, y mientras tanto oramos al Señor y pedimos que guarde su Palabra e implante su temor en los corazones de estos niños.

Hoy les hablamos de la necesidad de permanecer en Él. Así como las ramas no pueden prevalecer si son separadas de la raíz, así nosotros no podemos tener vida fuera de Jesús. Así se les mostró con ejemplos sencillos que su única esperanza está en permanecer en Cristo, quien es todo lo que en verdad necesitan; Él es la vida, el consejo sabio, la motivación, la esperanza, su seguridad y su ayuda; pero también si permanecen en Él, Cristo será su mayor alegría y consuelo para sobrellevar esta vida con todos sus matices. ¡Permanecer en Jesús es una vida con propósito y no vacía como la que el mundo ofrece!

Asimismo, continuamos con la predicación en este pueblo de Tacuba y en otros ranchos, instando a las personas a depositar su esperanza en Cristo. A pesar de que la indiferencia es considerable, el Señor nos brinda continuamente valiosas oportunidades para transmitir Su Palabra en estos lugares. Este mes logramos llevar la Palabra a individuos en otros pueblos; y es mi convicción que Dios lo ha permitido de esta manera porque desea darse a conocer y ofrecer una nueva oportunidad a las personas en estas comunidades.

¡Oremos por la obra de Dios en sus corazones!

Por último, les exhorto a continuar elevando sus oraciones por la labor que realizamos, por la salvación de los niños y por mí y mi familia. Requerimos la infinita gracia de Dios para permanecer firmes y avanzar en este camino, y como enseñamos en la lección de hoy en La Escuelita, es fundamental recordar que separados de Él, nada podemos lograr. En verdad, es Dios quien lleva a cabo todo, pues nosotros siervos inútiles somos.

Heber Gonzàlez

MUCHOS SE LEVANTAN CONTRA MI

Salmo 3:1 NBLA
[1] ¡Oh Señor, cómo se han multiplicado mis adversarios! Muchos se levantan contra mí.

Todos en esta vida experimentaremos momentos de ataque. Donde enemigos se levantarán para destruirnos, y en donde la aflicción se volverá el símbolo de nuestra identificación con Cristo.

Todo verdadero creyente comprometido tiene enemigos; estos son los mismos enemigos de Cristo. En este mundo no se puede ser un mensajero de la verdad sin opositores, y si esta es nuestra realidad, tarde o temprano nos llegará el ataque desde algún lugar.

Estamos en medio de una guerra, la batalla constante contra el bien y el mal, la del príncipe de las tinieblas contra Dios y Su pueblo. No podemos ser tan ingenuos y descuidados como para pensar que, si el príncipe de este mundo está en guerra contra nuestro padre, nosotros podemos andar seguros en medio del campo de combate. En la antigüedad, cuando se declaraba una guerra contra un rey, esta incluía a toda su casa. Lo mismo sucede con nosotros; los enemigos de Dios se lanzan con todas sus fuerzas contra los de Su casa.

Pero aunque muchos por esta razón se levanten contra nosotros y nos hagan objeto de su burla, aunque el rechazo se vuelva nuestra marca distintiva en esta vida, el despojo, la envidia, la injusticia, etc., tengamos paciencia, que tampoco tenemos permitido atemorizarnos ni rendirnos. Confiemos en que Dios nos sostendrá y ningún mal prosperará por largo tiempo contra los hijos de Dios, solo por el tiempo necesario para que el testimonio de Cristo en nosotros sea expuesto y validado, y después se dará lugar a la liberación, la cual experimentaremos plenamente en la siguiente vida.

La salvación es del Señor y vendrá a liberar de sus dificultades a cada hijo de Dios, así que no hay razón para desmayar ni un enemigo tan grande que temer. Si Dios es por nosotros, nadie podrá prevalecer contra nosotros.

DANOS HAMBRE POR TI

Vivimos en una época en la que en muchos lugares estar saciados puede significar más una maldición que una bendición.
Necesitamos hambre, pero no de cosas, ni de comida sino hambre de Dios.

¿Pero específicamente saciados de qué? En este caso, saciados del mundo, de nosotros mismos, y de todas las cosas que nos prometen una vida más fácil y cómoda que nos llevan a centrarnos más en nosotros mismos y a desplazar a Dios  como la meta más importante de nuestra vida.

Esta fue la condición de los habitantes de Sodoma y la razón por la cual su pecado llegó hasta la presencia de Dios.

Ezequiel 16:49-50 NBLA[49] Pues esta fue la iniquidad de tu hermana Sodoma: arrogancia, abundancia de pan y completa ociosidad tuvieron ella y sus hijas; pero no ayudaron al pobre ni al necesitado, [50] y se enorgullecieron y cometieron abominaciones delante de Mí. Y cuando lo vi, las hice desaparecer.

En nuestras culturas hoy estamos tan llenos de cosas que nos distraen y que alejan nuestros corazones de la búsqueda urgente y sincera por Dios, lo cual debería de ser nuestra diaria y mayor ocupación.

En vez de agradecer a Dios por sus bendiciones y usarlas como un medio para cumplir su voluntad en nuestras vidas en muchos casos terminamos olvidándonos de El. Esto demuestra que por naturaleza somos «ingratos».

En muchas sociedades, los corazones de los cristianos están tan saciados de pan y llenos de ídolos que han desplazado a Dios del centro de sus vidas y, en consecuencia, se han convertido en hombres fríos, mundanos y sin pasión por Cristo.

Ahora, se conforman con practicar una religión por mera costumbre, pero carente de verdadera adoración.

En sus corazones ya no hay más lugar para Dios; esto se traduce en una falta de compromiso real con su congregación, tampoco un apego estricto a la Palabra, ni mucho menos una disciplinada y gozosa devoción.

Ahora su alegría no está en Cristo, sino en las cosas por las cuales le han cambiado.

A su vez, ellos viven afanados por aquello que les garantice la abundancia de las cosas que aman. No confían en Dios para su provisión, ni tampoco estarían contentos con la porción que Él les asignará, porque sus deseos (necesidades) no se someten a la voluntad de Dios, sino a su propio vientre.

Ante esta realidad deberíamos aborrecer todo aquello por lo cual se le ha dejado y arrepentirse de este enorme pecado: menospreciar al Dios bueno por cosas vanales y pedir a Dios que haga volver nuestros corazones a Él.

Debemos clamar por hambre por Él y pedir que nos despoje de todo aquello que nos mantenga indiferentes. Más vale carecer y sufrir en esta vida si esta es la vía para mantenernos buscando a Dios que gozar de los deleites y los privilegios terrenales que nos enfrían y apartan de su voluntad.

Deberíamos orar valientemente como lo hacía san Agustín, quien pedía a Dios:«Quema ahora para que no quemes después».Esto es: Mata mis ídolos, irrumpe en mi comodidad, quita todo lo que esté estorbando entre tú y yo; y si es necesario, trastorna todo si este es el medio para despertarme y hacerme volverme a Ti. Y estando allí, no permitas que nunca más me separe de ti.

¡Dame hambre por ti, que no pueda desear otra cosa sino a Ti!¡Hazme sentir cuánto te necesito para existir!.

SOBREPONIÉNDOSE A LOS OBSTÁCULOS

A veces, la vida se pone muy difícil; los problemas se presentan, las cosas no salen como queríamos y parece que nos estancamos. Pero quiero decirte que no es el fin, sino el camino perfecto para crecer y experimentar el amor de Dios de una manera más tangible.

Tengo que confesarte que a lo largo de mi vida muchas veces me he sentido frustrado cuando las cosas no salen como esperaba o como las he planeado; otras veces, ante las dificultades, he llegado al límite en el cual parece que no hay retorno, que el colapso es inevitable, y sin embargo, tras muchos momentos oscuros aquí sigo. Y no porque sea muy fuerte ni tampoco resiliente, más bien todo lo contrario, pero la razón por la cual todavía estoy de pie es porque Dios está conmigo.

Si, en medio de las pruebas he encontrado mi fuerza para superar los obstáculos en la fe en Cristo. En asentir que Él está en control de mi vida todo el tiempo, que Él es sumamente bueno, y que cada obstáculo es el recurso de Dios para mejorarme en esta vida y prepararme para el cielo.

Así que en las dificultades he aprendido que es un tiempo para esperar en Dios y dejar que Él trabaje a través de las circunstancias, porque detrás de cada tormenta que Él nos permite pasar hay un motivo bueno para todo esto.

Aquí te dejo 3 consejos que me han ayudado ante los problemas a no dejarme vencer por el desánimo y encontrar fuerza y esperanza a través de Cristo.

I.- RECUERDA QUE DIOS SIGUE EN CONTROL

Cuando las cosas se ponen duras, recuerda que nada sucede por casualidad ni tampoco se esconde de la vista de Dios.

No, Dios sigue estando en control y Él no solo sabe lo que estás pasando, sino más aún, Él lo ha ordenado tal como ha sucedido para hacerte algún bien.

Sí, ningún detalle se ha escapado de la soberana mano de Dios y Él ha diseñado este momento para mostrarte su poder y compasión.

A menudo, los momentos difíciles son el medio para despojarnos de la superficialidad que nos envuelve, hacernos humildes y acercarnos a Él.

Pero ante el dolor, es muy normal cuestionarse si Dios continúa a nuestro lado, así que recuerda que el Dios soberano observa desde el cielo y nada en tu vida se sale fuera de su control.

Salmo 103:19 NBLA
[19] ¶El Señor ha establecido Su trono en los cielos, Y Su reino domina sobre todo.

Mateo 10:29-31 NBLA
[29] ¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Y, sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo el Padre. [30] Y hasta los cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados. [31] Así que no teman; ustedes valen más que muchos pajarillos.

II.- LAS DIFICULTADES SON EL PROCESO DE DIOS PARA MEJORARNOS

Recuerda que las pruebas parecen ser el método favorito de Dios para purificarnos y así garantizarnos no solo su paternidad, sino también su compromiso de trabajar en nosotros con la finalidad de hacernos útiles para su obra y prepararnos para la eternidad.

Hebreos 12:6 NBLA
[6] Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo».

A veces los azotes nos sobrevienen como una respuesta divina a nuestro pecado. Dios usa el dolor para llevarnos a reconocer nuestras faltas y así guiarnos al arrepentimiento y reivindicarnos al camino de la santidad. Así, Dios nos limpia de la corrupción de nuestro corazón que nos lleva a revelarnos y, a su vez, perfeccionarnos para servirle mejor y prepararnos para la eternidad.

2 Corintios 7:10 NBLA
[10] Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte.


III.- DESCANSA EN SU FIDELIDAD

Por último, en los momentos de crisis, nunca olvides recordarte que Dios es fiel. Esto te ayudará a no desmayar y a no dejarte abrumar ante las dudas. También esto apagará los dardos que Satanás te envía, diciéndote que Dios te ha dado la espalda o que te ha olvidado, etc. El padre de la mentira trabaja duro en estos tiempos para hacernos dudar de la fidelidad de Dios y desanimarnos, y aunque ciertamente Dios no nos dejará, ya que Él nunca abandona a ninguno de sus hijos, si nos permitimos escuchar las mentiras de Satanás, esto nos causará un mayor daño. Por eso, es importante no perder de vista que Dios es bueno y que, en medio de la tormenta, Él va con nosotros, dispuesto a ayudarnos.

Salmo 28:7 NBLA
[7] El Señor es mi fuerza y mi escudo; En Él confía mi corazón, y soy socorrido; Por tanto, mi corazón se regocija, Y le daré gracias con mi cántico.

1 Pedro 5:7 NBLA
[7] echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes.

En conclusión, sin importar las circunstancias en las que te encuentres, siempre recuerda que Dios está contigo y que su presencia es un pilar de fortaleza en los momentos de dificultad. Tener esto presente te permitirá enfrentar las pruebas con valentía y, sobre todo, te brindará la fuerza y la certeza de que los desafíos son oportunidades temporales de las cuales Dios te llevará hacia un lugar mejor. Nunca subestimes el poder de Dios para socorrerte y su fidelidad inquebrantable para estar siempre a tu lado, incluso en los días más oscuros. Recuerda que Él es fiel y cada tormenta que vivas es parte del hermoso proceso de Dios para prepararte para un día habitar con Él, transformarte en una mejor persona en esta breve vida y aprender valiosas lecciones que te ayudarán a crecer espiritual y emocionalmente.

Al enfrentarte a las adversidades, permite que tu fe te guíe; así, experimentarás no solo la superación de los obstáculos, sino también una transformación interna que te acercará aún más a la esencia de su amor incondicional.

LA TEMPESTAD DEL SEÑOR


La tempestad del Señor Ha salido con furor; Una tempestad devastadora Descargará sobre la cabeza de los malvados. Jeremías 30:23 NBLA

El sufrimiento y el dolor que Dios aplica a sus hijos nace del principio del amor. Este dolor a menudo se presenta como la reprensión de un padre que ama a su hijo, pues “el que ama a su hijo, le corrige”.

Sin embargo, el sufrimiento y la aflicción que sobreviene a los impíos tiene una razón muy distinta. Este tormento es la expresión de la ira de Dios sobre quienes desafían con sus actos a un Dios tan puro, justo y soberano, que no puede ser burlado por ninguna de sus criaturas. La Escritura nos recuerda: “Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.

Aunque su paciencia revela gran tolerancia, el castigo por cada acto malvado llegará sin tardanza. Vivimos en un mundo plagado de injusticia, y no podría ser de otra manera; el pecado ha creado esta condición donde el resultado general es la muerte y el dolor.

Así, el castigo decretado para los impíos es su propia destrucción en un lago ardiente de tormento y desesperación, un destino fatal para todo aquel que desprecia a Dios.

Así, la tempestad del señor se manifiesta como una expresión de su ira. Es su enojo santo que en su momento se revelará en gran tormento sobre aquellos que no le respetan ni le estiman, asegurando la ejecución de su propia justicia.


AMAR A DIOS

Salmo 91:14 NBLA
«Porque en Mí ha puesto su amor, Yo entonces lo libraré; Lo exaltaré, porque ha conocido Mi nombre.

Amar a Dios es un acto confiable, es una decisión que nunca pagará mal a nadie.

Es la mejor inversión a la cual un hombre se puede arriesgar sin esperar una pérdida.

Es un amor que aporta seguridad y paz al corazón, que nos guía a experimentar lo inconcebible en términos humanos.

El amor divino es puro y fiel; nunca traicionará, ni fallará al hombre que se abandona a Él.

Su amor sana las heridas, aleja el temor, y minimiza las cargas que a menudo agobian al corazón, y a cambio experimentaremos infinito y genuino favor.

Nosotros nunca amaremos a Dios en la misma medida que el nos ama, pero en cuanto más nuestro amor por El se acrecente viviremos más fuertes y confiados ante los tumultos que tengamos que afrontar en esta vida.

Tenemos una razón para no dejarnos vencer y seguir avanzando; ¡este amor glorioso e implacable que nos sostiene!.

BENDITO CRISTO

¡A quien iremos si solo El tiene palabras de vida eterna!.

Para nosotros no hay Palabra más sabía y reconfortante que pueda llenar las necesidades de nuestra alma sino las palabras de Cristo.

Ni filosofia, ni ciencia, tampoco simple retórica, sino la Palabra viva de Dios que vivifica el corazón.

La cual es alimento puro y nutritivo para el sediento de justicia, y amor genuino para quien no encuentra alivio ni confort en los  brazos de este mundo que pierde e ilusiona vanamente a los que con poco se conforman.

Solo Él puede brindar verdadero consuelo al alma asolada por el pecado, y alivio al dolor que este a su paso inflige al espíritu quebrantado.

Solo de Cristo proviene el aliento que necesitamos para sobreponernos a las duras luchas de esta vida, y así seguir con esperanza caminando.

Él es nuestra paz, genuina paz que con dinero no se puede comprar. Que apaga la furia de un Dios santo y justo, y nos pone en El punto donde solo recibimos  favor y amor incondicional debido a esa gloriosa redención que su hijo conquistó para este vil pecador como lo soy yo, y que ahora con certeza y confianza puede llamarse un hijo de Dios.

Bendito Cristo por quien podemos vivir tranquilos aguardando el día en que por fin estaremos contigo reinando interminablemente por los siglos de los siglos.

Amén.

20 Febrero 2025


ALEJANDOSE DE DIOS

Cuando Israel se alejo de Dios, todo empezó a andar mal con ellos, decadencia , esclavitud etc… Asi también sucede con el cristiano cuando se aleja de su Dios. Esto es cometer suicidio espiritual; es entregarse a la insatisfacción y a la sequedad del alma que implica el abandonar la fuente de agua viva que le satisface, por cisternas agrietadas que nunca podrán saciar su sed.


Y esta parece ser  la triste condición de muchos hoy en día; que engañados por los placeres temporales de este mundo se entregan a cosas vanas apartándose de su creador con la idea de obtener felicidad y satisfacción para terminar cavando su propia ruina.

Es evidente la gran escalada de detractores que en los últimos días  han dejado a Cristo; mientras que otros siguen coqueteando entre El y el mundo seducidos por sus pasiones carnales abandonando la verdadera seguridad por la falsa idea de prosperidad que este mundo nos ha inventado. Y digo falsa porque la verdadera prosperidad es la del alma la cuál solo Dios puede dar.


Recuerda, “No puede haber ningún bien real para los que abandonan a Dios”. Solo miseria, juicio y confusión. Solo Dios es capaz de satisfacer las necesidades más profundas del corazón.
¡No puede haber ningún bien lejos de Él!

Jeremías 2:13 NBLA

[13] «Porque dos males ha hecho Mi pueblo: Me han abandonado a Mí, Fuente de aguas vivas, Y han cavado para sí cisternas, Cisternas agrietadas que no retienen el agua.

UN CORAZON PARA DIOS


A veces nuestra falta de devoción a Cristo es producto de un corazón frío.   Esta actitud nos hace indiferentes, titubeantes y flojos. En resumen nos vuelve inútiles para los asuntos del reino de Dios.

Lo que amamos determina lo que hacemos y también la medida con la que nos entregamos a ello; y a menudo el mayor obstáculo para realizar nuestra misión está dentro de nosotros mismos.

Son las dudas, los temores y la apatía etc… que yacen en nuestro corazón  los principales detractores para que obedezcamos a Dios.

1 Samuel 10:9 NBLA
Cuando Saúl volvió la espalda para dejar a Samuel, Dios le cambió el corazón, y todas aquellas señales le acontecieron aquel mismo día.

Saúl no pensaba que sería rey, y aunque poseia muchas cualidades físicas que lo distinguían de entre todos los demás, todavía necesitaba algo   para asumir tan importante responsabilidad. Antes tenía que surgir un cambio interno en El. Necesitaba un cambio de corazón que le diera la sabiduría y el valor para cumplir con la misión que Dios le entregaba.

De igual forma, cada uno de nosotros antes de asumir nuestras responsabilidades delante de Dios requerimos un cambio de corazón.

Asi nosotros, necesitamos renunciar al corazón de piedra y titubeante, y a cambio pedir a Dios por un corazón valiente y entendido que le ame más a que a todo.

El viejo corazón, viciado con sus malos deseos y corrompido a morir en cada  una de sus células necesita ser extirpado de nosostros, para dar lugar a una nueva creación. Dónde seamos dirigidos por el Espíritu de vida que nos capacita para amar a Dios  y nos guía en el cumplimiento de nuestro deber ante El.

Así nuestra oración constante debería de ser: ¡Dios mío dame un corazón valiente que te ame sinceramente!.

Y una vez que lo recibimos es nuestro deber cuidarlo como a un tesoro, algo que Saul no valoro cuando su corazón se apartó de Dios y trajo la desgracia para si mismo y los suyos.