Esta nuestra actual condición humana es tan pobre y nefasta en comparación con la que experimentaremos cuando estemos con Cristo en la eternidad.
A mí lo que más me emociona es que por fin ya seremos capaces de no pecar y así ya no ofenderemos más a nuestro Señor.
Se necesita mucho amor a Cristo para no pecar en esta vida, pero también es cierto que esta carne aún está viva, y no desea otra cosa más que seguir su propia naturaleza de rebelión contra Dios.
Y aunque Dios nos ha dado su Espíritu para resistir el pecado y someter la carne esta es una lucha que a diario tenemos que librar lo cual a veces cansa, pero siempre es mejor seguir luchando porque los que se rinden no escaparan de las consecuencias terribles del pecado.
El que sigue en la batalla va por buen camino y Jesús no lo avergonzará, pero el que se ha rendido está perdido y del lazo del diablo no escapará.
Así mi oración cada día sigue siendo: ¡Jesucristo hijo de Dios ten piedad de mi un pecador. Dame la gracia para vivir en fe y obediencia a tu Palabra y Purifica mi corazón para que te ame más a ti que a todo lo demás y así nunca apartarme de tu voluntad!
Amén.
P.D. El amor a Cristo debilita el poder del pecado. Así que debemos ocuparnos en amarle demasiado así ya no habrá más lugar para el pecado en nuestros corazones.
Descubre más desde SIERVO INÚTIL
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
