Esta semana, en la Escuelita, iniciamos una serie de lecciones sobre el pecado de la mentira.
Sí, en una cultura que permite y normaliza todo, y tan acostumbrada a mentir, incluso los cristianos llegamos a olvidar que esta práctica es un pecado ante los ojos de Dios, por lo cual es algo contra lo que debemos luchar y buscar erradicar de nuestra vida.
Vimos que la mentira tiene la intención de engañar deliberadamente por medio de ocultar o pervertir la verdad.
¡No vivimos para adaptarnos a la cultura ni complacer a todos. Debemos vivir para agradar a Dios y cumplir su voluntad.!
Entendimos que todo lo que se oppone a la verdad es malo; lo opuesto a la verdad es la mentira, la cual es una característica del diablo y no debería ser nunca lo que defina a un verdadero hijo de Dios.
Juan 8:44 TLA
[44] El padre de ustedes es el diablo, y ustedes tratan de hacer lo que él quiere. El diablo siempre ha sido un asesino y un gran mentiroso. Todo lo que dice son solo mentiras, y hace que las personas mientan.
Dios quiere que seamos honestos y que siempre digamos la verdad, y aunque la cultura nos permita mentir en ciertos contextos, vimos que Dios no lo hace; su mandamiento es muy claro cuando nos manda a NO MENTIR.
Así que se instruyó a matar este pecado porque esta es la voluntad de Dios para Sus hijos y, a su vez, practicar la verdad, ya que esto nos hace personas confiables ante los demás.
Sigamos orando por la niñez en todo el mundo y, especialmente, por la salvación de los niños de este pueblo.
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