Quiero empezar esta carta afirmando que definitivamente la evangelización de los pueblos no es una cosa fácil. De hecho, es un trabajo que va contracultura porque difunde verdades y principios que no se adaptan al pensamiento de este mundo. Aparte, la salvación de los hombres es imposible de realizar para nosotros; la salvación es del Señor y solamente Él puede mover los corazones hacia Cristo. Por lo tanto, nosotros no tenemos el poder para hacer que las personas crean en Jesús.
«Sin mi no pueden ustedes hacer nada». Juan 15:5
Esta es una verdad que las Escrituras enseñan, pero que además he tenido que experimentar y comprobar en el campo misionero.
Sin embargo, Dios nos llama y nos usa para su gloria, salvando a los perdidos a través de la predicación que nos permite realizar, pero lo hace a su tiempo. Así, toda la gloria debe ser para Él y a nosotros (sus siervos) nos enseña a ser pacientes y a tener fe.
Hoy existen muchos métodos para persuadir a las personas y convencerlas sobre su necesidad de buscar a Cristo y añadirse a una iglesia local, etc. Trágicamente, algunos de ellos no son bíblicos, pero es cierto que, sin la intervención del Espíritu Santo trabajando en sus corazones, no sucederá su salvación. Tal vez podamos afectar sus emociones, pero nunca su corazón, ya que solo Dios puede quebrantar el corazón de piedra y humillarlo ante Jesús, y esta es la razón por la cual la gente no se convierte. Hace poco, y hablando de esto, un buen hermano me dijo: «Es mejor la calidad que la cantidad». ¡Debemos identificar entre nosotros a aquellos que son genuinos y trabajar para que crezcan en Cristo y predicar la verdad a aquellos que cómodamente se sientan en nuestras bancas cada domingo sin conocer a Cristo!
Así que lo único que necesitamos hacer es predicar las Escrituras y mantenernos fieles en esta labor, y dejar que Dios haga su obra. Aunque esto no es sencillo de hacer en lugares tan oscuros e idólatras como estos, con toda certeza sabemos que no es una causa perdida, porque el Evangelio es poder de Dios para salvación. Si Dios nos trajo aquí es porque Él tiene planes que cumplir, y debe ser la de llamar a sus hijos entre estos pueblos.
Ahora permítame abrir mi corazón un poco más… aún hoy recuerdo esos tiempos oscuros, por así decirlo, en los que me frustraba mucho y mi corazón se agobiaba en demasía al ver la condición espiritual de las personas en La Sierra y también su negación a venir a Cristo. Sentía que había trabajado tanto que me había desgastado, y, sin embargo, aparentemente no había obtenido nada. Esto era muy decepcionante para mí, ya que siempre había vivido enfocado en los resultados. Enfrentar esta situación, y al mismo tiempo la presión de ver otros ministerios aparentemente exitosos (siempre nos estamos comparando con otros y tenemos que renunciar a esta trampa dudosa y dañina, porque Dios trabaja de manera soberana y diferente con cada uno de sus siervos, etc.), me hacía sentir un hombre derrotado y, al mismo tiempo, alguien muy inútil para el servicio al Señor.
Aparte, Satanás usaba todo esto para lanzarme dardos y hacerme dudar de mi llamado. Esto me mantuvo en una depresión por mucho tiempo, en la cual solamente Dios y yo sabíamos lo mucho que me afligía esta situación. Pero en medio de esta crisis, Él me sostuvo y me hizo aprender la lección de que no es en nuestras fuerzas ni tampoco en nuestro tiempo; que no se trata de todas aquellas cosas que podamos hacer para hacer crecer un ministerio, sino de lo que Dios hará a través de nosotros y que esto se realizará en Sus términos y no en los nuestros.
Que tenemos que morir a nuestro ego, que no está contento si no hay resultados visibles, y al mismo tiempo abandonarnos a la providencia divina, permaneciendo fieles en la labor y esperando con fe lo que el Señor dijo que haría.
Que no trabajamos por números, sino por obediencia y gratitud al Señor, y compasión hacia aquellos que, sin Cristo, perecen.
Que Dios no nos juzgará por nuestro éxito (números) sino por nuestra fidelidad.
Aceptar estas verdades fue la forma en la cual mi corazón recibió contentamiento a pesar de las circunstancias contrarias y también paz al descansar en la soberana voluntad del único y poderoso Dios que dicta los tiempos para cada suceso en su plan eterno.
Así, comprender esto ha fortalecido mi espíritu y me ha animado a seguir adelante en la labor misionera aquí en la Sierra, con la certeza de que nuestro trabajo no es en vano, sino que, a su debido tiempo, Dios mostrará el fruto para su gloria.
Este mes a pesar de que hemos estado muy ocupados con la rehabilitación de Mawi nuestro hijo mayor que sufrio un accidente en una de sus piernas y lo mantuvo inmovilizado por algunas semanas, y que ahora gracias a Dios ya está caminando por su propia cuenta, pero todavía recuperándose. Y también todo lo que implica cuidar a Mariam (nuestra bebé de 4 meses), las actividades del ministerio, el trabajo en el huerto ect….Dios nos ha concedido oportunidades para seguir llevando su Palabra a quienes la necesitan oír.
De verdad, la gente tiene mucha necesidad de escuchar de Cristo; sus corazones viven atribulados por los problemas que nunca faltan. La desesperanza que se vive aquí en la Sierra, creo que, por la maldad y tantas supersticiones que oprimen las mentes y los corazones de los hombres, crea un ambiente muy deprimente. Sabemos que la respuesta está en Jesús, y aunque también es cierto que hay mucha resistencia, debemos seguir advirtiendo y dando la solución como una muestra del amor y la paciencia divina hacia ellos.
Tal parece que la mayoría solo quiere un alivio para sus pesares temporales, y en eso se ocupan; pero no consideran que necesitan la cura para sus almas eternas, y así desprecian a Cristo y se condenan.
Por su gracia, hemos seguido yendo a predicar a La Tena. Dios es bueno al permitirnos esta oportunidad y así animar a estas personas a seguir creciendo en Cristo, lo cual es nuestra meta en esta vida pasajera, y a su vez exhortar a otros a rendirse a Él y encontrar la vida nueva y eterna que Jesús imparte a los que, con sinceridad, confían en Él.
Y, bueno, en lo secreto, Dios está usando su Palabra para cumplir sus planes en la vida de cada persona que se reúne en este lugar, y así el reino de Dios sigue avanzando a través de pasos que, a simple vista, parecen tan insignificantes porque no podemos hacer tanto, pero tienen un gran peso eterno para las almas de estas personas que se están preparando para el día del Señor.
En cuanto a la Escuelita Bíblica, ahora (en verano) es un tiempo difícil debido a que es la época cuando las personas salen a trabajar al campo, y muchos de los niños que acuden a la Escuelita ya están en edad de participar en esta actividad que es parte de la forma de vida del lugar. Es por eso que, aunque seguimos llevando a cabo la Escuelita, también es cierto que por esta causa tendremos muchas ausencias. Y bueno, seguimos aprovechando esta oportunidad para instruir a los niños en el camino de la Verdad y sembrar la semilla de Vida en sus corazones, la cual creemos que florecerá en su tiempo en corazones rendidos a los pies de Cristo. También nos estamos dedicando a orar para que el Señor nos muestre cómo seguir con este trabajo, debido a que ya crecieron y parece necesario hacer un cambió en el programa, una transición de niños a adolescentes. ¡Estoy seguro de que el Señor nos mostrará lo que debemos hacer!
Y en cuanto a Tacuba, seguimos con las reuniones de predicación, brindando al pueblo la oportunidad de escuchar la Palabra los miércoles y los domingos.
En fin, no espero otra cosa en la vida más que permanecer fiel a mi labor porque Dios es bueno y Jesús es tan digno de todo honor. Por el bien de estos pueblos, mi oración constante es que se conviertan, que un día lleguen a encontrarse con su Salvador para que reciban de Dios todo el bien que sus almas necesitan.
¡La vida es muy corta y este tiempo es la única oportunidad que tenemos para servir a nuestro Salvador!
Se fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida. Apocalipsis 2:10
Gracias por todas sus oraciones, siga haciéndolo por favor.
Heber Gonzalez.










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