Esta semana tuve la oportunidad de reflexionar junto a los miembros de la pequeña congregación sobre la naturaleza de nuestro Dios, quien es infinitamente bueno. Con frecuencia, por costumbre o descuido, podemos perder de vista el verdadero significado de esta bondad. Es fundamental recordar que Dios es inagotable en su misericordia hacia quienes le aman, lo que implica que su paciencia y su bondad son eternas; una certeza invaluable para aquellos de nosotros que, siendo imperfectos, entendemos que, a pesar de nuestros fallos, Dios nunca nos rechazará.
Salmo 136:1 NBLA
[1] Den gracias al Señor porque Él es bueno, Porque para siempre es Su misericordia.
Tenemos un Dios tan grande en amor y bondad, que no escatimó en darnos lo más valioso (Cristo) para reconciliarnos con Él. Si ya nos entregó lo más digno (su hijo), ¿cómo ahora no nos tendrá paciencia y nos dará todas las demás cosas que requerimos para seguir adelante en nuestro camino de fe?
Dudarlo es hacer ver a Dios como un tirano, porque ciertamente, sin su ayuda, no podemos seguir avanzando; pero a la vez, es perder de vista su fidelidad y su infinita bondad, que son innegables en nuestro peregrinar terrenal.
¡Nuevas sus misericordias cada día!
Toda nuestra vida está plagada por todos lados de favor divino; cada paso, cada respiro que exhalamos es misericordia del cielo que nos es concedida.
Nuestra familia, ministerio, la salud, en fin, cada bendición que gozamos son derivadas de la misericordia que el Padre celestial nos otorga. Y como Jonathan Edwards expreso:
«Tienes motivos para maravillarte de no estar ya en el infierno.»
Y vaya que eso sin duda es lo que merecemos, y si ahora estamos en un estado de gracia donde Cristo nos salva es solo debido a su misericordia.
Sin duda, reconocer tanto favor del que somos objetos debería hacernos personas mas agradecidas, mas devotas de Dios y comprometidas con su causa.
Así aquí en la Sierra ya hace calor, y ya estamos en el momento de trabajar más afuera en las labores del campo como sembrar nuestro huerto, tambien ya plantamos algunos árboles. Aunque el tiempo transcurre despacio, estar lejos del bullicio nos brinda la oportunidad de reflexionar de una manera más sencilla y meditar en las bondades de nuestro Salvador. Concluyo con gratitud que es por su sola misericordia que todavía estoy de pie y que puedo seguir adelante con esta misión. Sigo deseando que el Señor use este trabajo para que las personas vengan a confiar en Él y, por fin, estos pueblos puedan experimentar el amor de Dios.
También pensé en que, aunque no seré un pastor de una iglesia muy grande o importante, etc., algo que muchos valoran y a lo cual aspiran, estoy muy agradecido de estar donde estoy para poder compartir con estos pueblos la esperanza que obtenemos en Jesús, y por el pequeño grupo de personas que aquí se reúnen a escuchar la predicación. Creo que sin ellos me sentiría muy solo en este lugar, y también por los niños que siguen viniendo a aprender la Palabra de Dios.
Estoy seguro de que su misericordia un día los alcanzará, porque Él es bueno.
Efesios 2:4-5 NTV
[4] Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto [5] que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!)
Finalmente, el incendio forestal de esta semana nos sorprendió; es cierto que cada año estos son una amenaza para la zona en la que estamos, pero esta vez estuvo demasiado cerca. Es aquí cuando uno piensa en el verdadero sentido de esta vida, en cómo pueden cambiar rápidamente las cosas y en lo frágiles que somos. Esta experiencia me hizo valorar más cada instante con mi familia, en la valiosa oportunidad presente. que tenemos para prepararnos para nuestro encuentro con Cristo.
Dios quiso mostrarnos su misericordia a todos en este pueblo y así que el fuego no siguiera propagándose. Milagrosamente, en un punto de la noche, el viento que lo activaba hizo que el incendio se pudiera controlar hasta que se extinguió. Yo creo que esta fue la mano de Dios escuchando nuestras oraciones y mostrándonos su favor.
Gracias por sus oraciones.
Heber González
Descubre más desde SIERVO INÚTIL
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
