No existe un pozo tan profundo en el cual caer y del que Dios no nos pueda liberar.
Si nos deja por un tiempo permanecer en él, es para que nos demos cuenta de lo terrible que es vivir en el fondo. Esto es en el cieno, sin luz y sin esperanza, lo cual prepara nuestros corazones para que apreciemos mejor sus bondades y todas las bendiciones que tenemos en Cristo.
Tal parece que el bienestar suele volvernos ingratos, mientras que las pruebas nos llevan a practicar la gratitud y la humildad.
El pozo es una experiencia desoladora y terrible; representa sufrimiento y soledad. Daniel estuvo en un pozo, pero él nos enseña que este no es el momento para dudar o atemorizarse, sino para confiar y aferrarse a Cristo.
Así también sucede con nosotros; Dios espera que crucemos esta prueba con fe, esperando en Él, aunque sea dura, porque detrás de esta situación Dios está trabajando en nuestro carácter, despojándonos de los ídolos y volviendo nuestros corazones a Él.
Honestamente, ante las luchas que nos sobrevienen, me he llegado a sentir como un hombre sin fe, sin fuerzas para seguir adelante.
Mi corazón se ha visto dudando, y la tentación de volverse al mundo siempre está asechando. Y sin embargo, cuando la debilidad es lo más fuerte en mi vida es cuando he visto que la mano del Señor está más cerca para ayudarme y fortalecerme en los momentos de crisis.
También el pozo es un estado para abrigarnos en sus promesas que son fieles, y recordarnos que no es para siempre, y que Él nunca nos abandonará en los momentos de mayor necesidad.
¡Así que siempre podemos andar confiados, con la certeza de que aquel que comenzó en nosotros la buena obra la terminará con éxito!
Joel 3:10 NBLA
[10] Forjen espadas de sus rejas de arado Y lanzas de sus podaderas; Diga el débil: «Fuerte soy».
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